Así fue mi primer HYROX (y todo lo que no se ve)


El pasado 16 de abril hice mi primera competición de HYROX en Málaga, después de cuatro meses de preparación en este deporte que hasta hace poco era totalmente desconocido para mí.
Tras más de cinco años entrenando en el gimnasio y dedicándome al entrenamiento personal online, hace relativamente poco cambié mi forma de entrenar para adentrarme en esta práctica que me ha enganchado por completo.
Todo surgió en un viaje con ESN, la marca de suplementación con la que colaboro, donde coincidí con una compañera a la que vi entrenar y hacer cosas que me parecieron súper duras, pero a la vez me encantaron. La vi súper fuerte, en forma, y pensé: “guau, yo también quiero!!”.
Entonces le pregunté, me contó que hacía Hyrox y, cuando volvimos Madrid, Lukas y yo nos planteamos el probar HYROX . Buscamos un box cerca de casa y fuimos a un primer entrenamiento de contacto. Tanto el ambiente como la clase nos gustaron mucho, así que empezamos a ir dos o tres días por semana, intentando combinarlo con nuestros entrenamientos de fuerza… hasta que llegó un punto en el que era inviable.
Ahí fue cuando decidimos empezar a prepararnos más en serio. Buscamos entrenadores que nos pudieran guiar porque, para mí, cuando empiezas algo nuevo, es importante saber que lo que estás haciendo tiene sentido y está bien planteado.
Empezamos a prepararnos y decidimos apuntarnos a nuestra primera competición en Málaga, en la modalidad de parejas mixtas.
Para quien no sepa qué es HYROX: es una competición de fitness que combina 8 kilómetros de carrera (en tramos de 1 km) con 8 estaciones de trabajo funcional —como trineos, wall balls, remo o burpees—, todo seguido y sin pausas. Es un formato muy exigente que mezcla resistencia y fuerza bajo fatiga.

Han sido cuatro meses en los que hemos empezado desde cero. Queríamos competir en pareja porque a los dos nos encanta el deporte y nos parecía una forma muy bonita de compartir el proceso y disfrutarlo juntos.
La experiencia de la competición ha sido muy buena, aun sabiendo que Lukas tuvo que competir con el gemelo lesionado y que no pudimos dar todo lo que llevábamos dentro. En ese sentido, no fue del todo justo con la preparación que habíamos hecho. Aun así, el ambiente y la experiencia fueron increíbles.
Sobre todo, me quedo con ver cómo hemos sido capaces de aprender algo que no controlábamos y cómo, poco a poco, nos hemos ido haciendo más fuertes. Ha sido una experiencia de superación total.
No ha sido un camino fácil. En muchos momentos he sentido frustración, sobre todo porque me ha costado mucho adaptarme a entrenar con pulsaciones altas y darle prioridad a una base cardiovascular que antes no tenía.
Pero si algo me llevo de todo esto es darme cuenta de que soy capaz de hacer cosas que, de primeras, mi mente cree que no.
Hubo momentos que llegué al límite
Sí, he llegado al límite en muchos momentos, en muchos entrenamientos.
El HYROX es un deporte que te exige tener una muy buena capacidad cardiovascular y aprender a que tu cuerpo siga dándolo todo cuando las piernas están cansadas y las pulsaciones están muy altas. Y eso es algo que a mí me ha costado muchísimo.
Además, al competir en parejas mixtas, los pesos que se utilizan son superiores a los que usaría si compitiera sola, y eso para mí también ha sido un reto. Ha sido empezar de cero con cargas que estaban un poco por encima de lo que era capaz de mover, y que aún a día de hoy me siguen costando.
Por eso he llegado al límite muchas veces. De sentir que no soy capaz. Y en parte es así, porque todavía no tengo la preparación suficiente.
Pero poco a poco he ido viendo cómo cada vez soy más capaz. Y he entendido que precisamente ese límite es lo que me hace aprender y mejorar.
Sí que es verdad que, en la competición como tal, no sentí que llegara al límite en ningún momento. Al final, al competir en mixto, corres el kilómetro junto a tu pareja, pero las estaciones os las podéis repartir como queráis.
En ese sentido, sentí mucho el apoyo de Lukas, incluso estando lesionado, y eso hizo que la experiencia fuese mucho más llevadera.
Así que, aunque he llegado al límite muchas veces entrenando, sé que es justo eso lo que me hace mejorar.
Mi plan de entrenamiento

He entrenado cinco días a la semana. A nivel de estructura, he dado bastante prioridad al trabajo cardiovascular.
Por un lado, hacía un día de cardio largo en zona 2. Empecé con unos 40 minutos y fui aumentando progresivamente cada semana hasta llegar a una hora y 20 minutos.
Luego tenía otro día de series en la cinta, enfocado a mejorar la capacidad de correr a intensidades más altas.
Y los otros tres días los dedicaba a combinar trabajo de fuerza con ejercicios específicos de HYROX.
En estas sesiones buscábamos mejorar sensaciones y, sobre todo, aprender a que las piernas rindieran cuando ya estaban cansadas. Para eso hacíamos combinaciones de ejercicios que simulan bastante bien la competición, como empujar el trineo y salir a correr, o encadenar distintos esfuerzos sin descanso.
Al final, se trata de enseñar al cuerpo a seguir funcionando bajo fatiga, que es justo lo que luego te encuentras en competición.
Y algo que para mí ha sido clave en todo el proceso es aprender a controlar la intensidad. Saber a qué pulsaciones tienes que ir en cada entrenamiento, porque si no es muy fácil pasarte y que el cuerpo no se recupere bien.
Para eso utilizo un strap (banda de frecuencia cardiaca) que me mide tanto la recuperación como las zonas de trabajo, y es lo que me ha permitido asegurarme de que cada sesión tenía el sentido que tenía que tener, sin ir al azar.
Los días previos, entrenamiento y alimentación
Los días previos a la competición hice lo que se conoce como «taper», que básicamente consiste en reducir el volumen de entrenamiento para llegar más descansado, pero manteniendo la intensidad.
Aproximadamente cinco días antes empecé a ajustar los entrenamientos: bajé bastante el volumen y me centré en hacer trabajo mucho más específico, estación por estación, justo lo que iba a encontrarme en competición. También reduje bastante el entrenamiento de fuerza.
El objetivo en esos días no es mejorar, sino llegar en las mejores condiciones posibles: sin fatiga acumulada, pero sin perder sensaciones.
El día de antes hice simplemente una pequeña activación. No es recomendable llegar a una competición sin haber hecho nada, porque el músculo se siente más “apagado” o menos reactivo. Esta activación ayuda a mantener buenas sensaciones sin generar fatiga.
En cuanto a la alimentación, durante toda la preparación para HYROX la ajusté bastante, dando mucha prioridad a los hidratos de carbono. Son entrenamientos muy exigentes —de media podía quemar entre 600 y 700 calorías por sesión—, así que necesitaba asegurar una buena disponibilidad de energía.
Especialmente en los dos días previos aumenté mucho la ingesta de hidratos de carbono.
El día de antes hice una alimentación muy enfocada en carbohidratos fáciles de digerir: prácticamente cero fibra y muy poca grasa, con proteína moderada. Todo orientado a evitar molestias digestivas y asegurar que el cuerpo llegara a la competición con buena disponibilidad de energía.
El día de la competición, como competía a las 18:10, hice un desayuno normal priorizando hidratos.
En la comida volví a hacer una buena carga de hidratos de carbono, evitando verduras para no añadir fibra.
Y unas dos horas antes de competir hice una pequeña ingesta con tortitas de arroz y miel, junto con unos 25 g de carbohidratos en polvo.
Durante la competición, tomé un gel para mantener la energía.
Mis consejos para tu primer HYROX

Mi primer consejo es que tengas paciencia contigo mismo, es una práctica muy exigente y que requiere una preparación física bastante alta.
Es muy diferente al entrenamiento de fuerza al que estamos acostumbrados: vas, haces tus series, puedes ir al fallo, pero tienes tus descansos y en ningún momento sientes que se te sale el corazón por la boca. Aquí no.
Aquí tienes que acostumbrarte a entrenar con pulsaciones muy altas y a tener una buena base aeróbica. Así que lo primero sería eso: construir esa base y no subestimar la parte cardiovascular.
Ponte en manos de un profesional que sepa lo que hace. Es una inversión que merece muchísimo la pena para evitar sobreentrenamiento y lesiones, y para asegurarte de que lo que estás haciendo tiene sentido.
Si vienes del entrenamiento de fuerza, tienes que adaptarlo. No puedes seguir entrenando igual y simplemente añadir Hyrox encima. Eso te va a llevar a un sobreentrenamiento brutal y, además, probablemente estés haciendo cosas que no tienen una buena transferencia.
Otro punto clave es la alimentación. Hyrox no es un deporte para matarse de hambre ni para tener miedo a los hidratos de carbono. Son tu principal fuente de energía, y si quieres rendir bien, la alimentación tiene que acompañar.
Y, sobre todo, tómatelo como un proceso. No pretendas que el primer día ya le salgan las cosas. Es un deporte muy retante, pero con trabajo diario y consistencia se avanza muchísimo.
Y por último, intenta disfrutar del día de la competición y del trabajo que hay detrás. Si puedes, la primera competición hazla en pareja, porque es mucho más llevadero.
