Músculo

Haces todo bien entre semana y el fin de semana eres flexible. ¿Por qué no pierdes grasa?

Laura lleva tres meses con una rutina bastante sólida. De lunes a viernes come bien, entrena cuatro días, evita los ultraprocesados y se acuesta con la sensación de que lo está haciendo bien. El fin de semana sale a cenar el sábado, toma unas copas, el domingo hay comida familiar y se permite el postre porque la semana ha sido muy buena. El lunes se sube a la báscula y los números no se mueven. O peor: suben.

Lo que Laura no sabe es que no está fallando por falta de disciplina. Está fallando porque nadie le ha explicado cómo funciona el déficit calórico de verdad, ni todos los factores que influyen en él. Y eso tiene solución.

Qué es el déficit calórico y por qué importa, pero no es lo único que importa

El déficit calórico se refiere a la diferencia entre las calorías que ingieres y las que tu organismo utiliza. Cuando esta diferencia resulta negativa, consumes más energía de la que ingieres, y tu cuerpo empieza a utilizar las reservas de grasa como fuente de energía. Este es el elemento más medible en la reducción de grasa, y sin él, el proceso no se lleva a cabo.

Sin embargo, no actúa de manera aislada. El sueño, el cortisol, las hormonas y el estrés influyen tanto en cómo tu cuerpo utiliza esa energía como en el nivel de hambre que sientes durante el día. Es posible que estés en déficit teórico y, sin embargo, con el cortisol elevado, tu organismo esté almacenando grasa abdominal de todos modos, o que la grelina aumentada por la falta de sueño haga que te resulte imposible mantener el déficit. No se trata de una simple ecuación. Es un sistema. Y el déficit calórico es la variable más crucial de ese sistema, pero no la única.

Para determinar cuántas calorías requieres, primero debes conocer tu TDEE (Gasto Energético Diario Total), que es el total de calorías que quemas al día, incluyendo tus actividades físicas. Para calcularlo, el punto de partida es tu TMB (Tasa Metabólica Basal): las calorías que tu cuerpo quema simplemente para sobrevivir, respirar, bombear sangre y regular la temperatura, incluso si no te mueves del sofá.

La fórmula más exacta para calcularlo es la ecuación de Mifflin-St Jeor, creada en 1990 y considerada en la actualidad como el estándar de referencia:

Eso es lo que quema en reposo absoluto. Como no estas en reposo absoluto, multiplicas por tu nivel de actividad:

Si Laura entrena 4 días a la semana: 1.345 × 1,55 = 2.085 kcal/día. Eso es su mantenimiento. Para perder grasa, necesita estar por debajo. Un déficit de entre 300 y 500 kcal diarias es lo más sostenible sin comprometer el músculo ni el rendimiento. Eso la sitúa en torno a 1.600–1.700 kcal/día.

Aquí esta el problema: el deficit no es diario, es semanal

Y esto es lo que cambia todo.

Tu cuerpo no hace cuentas a las 00:00 de cada día y pasa página. Hace la suma de la semana. Si de lunes a viernes generas un déficit de 400 kcal al día, eso son 2.000 kcal de déficit acumulado en 5 días. Teóricamente, vas bien.

Pero si el sábado cenas fuera, tomas unas cervezas y el postre que tocaba, y el domingo hay paella familiar con sobremesa, puedes perfectamente sumar 1.500–2.500 kcal extra en dos días. El balance semanal se neutraliza o entra en superávit.

Un estudio publicado en el Journal of Medical Internet Research que analizó los patrones de ingesta calórica de más de 7.000 personas durante al menos 5 meses encontró que las mujeres que consumían 500 calorías o más de lo habitual los fines de semana perdían significativamente menos peso que aquellas con una ingesta más consistente a lo largo de la semana. [ver fuente]

No es una teoría. Es matemática.

¿Una comida fuera lo arruina todo?

No. Y esto tambien hay que decirlo con claridad.

Una comida fuera un sabado, aunque sea generosa, raramente destruye el trabajo de la semana. Para cargarte un deficit de 2.000 kcal acumulado en una sola comida tendrias que consumir algo asi como una pizza entera, postre, aperitivo y varias copas. Es posible, pero no es lo habitual.

El problema no es la comida del sábado. El problema es cuando son varias comidas: el picoteo de media tarde, las cervezas de la noche, el vermut del domingo y el postre de la comida familiar. Eso sí suma.

Y la evidencia muestra que, después de episodios de sobrealimentación de dos días, el cuerpo solo compensa espontáneamente alrededor del 30% de las calorías extra consumidas [ver fuente], lo que significa que el resto se acumula en el balance semanal.

El alcohol: el saboteador invisible

Esto merece un apartado propio porque es el factor que más subestima la gente.

Cuando hablamos de calorías vacías, hablamos de calorías que aportan energía pero ningún nutriente: ni proteína, ni grasa de calidad, ni fibra, ni vitaminas. Solo energía que tu cuerpo tiene que gestionar y que, si no puede usar, almacena. El alcohol es el ejemplo más claro. Aporta 7 kcal por gramo, casi el doble que los carbohidratos o la proteína, y muy cerca de la grasa, sin ningún valor nutricional que lo justifique.

Pero el problema del alcohol no se queda solo en las calorías que contiene. Una caña tiene unas 150 kcal. Una copa de vino, entre 120 y 150. Un gin-tonic, entre 180 y 220. Si en una noche de sábado tomas tres o cuatro bebidas, estás sumando entre 500 y 700 kcal que probablemente no estás contabilizando porque solo has tomado unas copas.

Y hay algo más: el alcohol interfiere con el metabolismo de las grasas. Cuando tu cuerpo detecta alcohol, lo trata como una toxina y lo procesa de forma prioritaria. Mientras está ocupado eliminando el alcohol, la oxidación de grasas se detiene. No quemas grasa mientras tu hígado está procesando lo que bebiste. Además, el alcohol reduce la inhibición, un efecto relacionado con la dopamina, y hace que sea mucho más fácil decir que sí al pincho, al postre o al kebab de camino a casa. Lo que bebes afecta a lo que comes después.

No se trata de no beber. Se trata de saber lo que cuesta y decidir con esa información.

Por que es tan facil comer de mas sin darte cuenta

Hay tres mecanismos que juegan en contra cuando baja la guardia. Y ninguno de los tres es falta de voluntad.

  • La falta de estructura. Entre semana tienes rutina: desayuno a la misma hora, el tupper preparado, la cena pensada. El fin de semana el entorno cambia, los horarios se alargan y las decisiones se toman sobre la marcha. Y cuando se toman sobre la marcha, tienden a ser mas caloricaas.
  • La dopamina. Cuando estas en un contexto social, una cena, unas copas, una comida familiar, tu cerebro libera dopamina anticipando el placer. Y la dopamina no solo genera bienestar: tambien reduce temporalmente tu capacidad de tomar decisiones racionales sobre la comida. No es debilidad. Es neurologia. Tu cerebro en modo recompensa es literalmente menos capaz de decir con esto tengo suficiente. El entorno social amplifica ese efecto: cuando todos piden postre, pedir postre es lo que toca, y tu sistema de recompensa lo sabe.
  • El cortisol acumulado durante la semana. Si has pasado cinco dias con estres, poco sueno y ritmo alto, tu cortisol ha estado elevado durante dias. Como vimos en el articulo sobre el sueno, el cortisol elevado aumenta el hambre, favorece los antojos de alimentos caloricos y dificulta la saciedad. El fin de semana no es solo el momento en que fallas: es el momento en que confluyen todos los factores biologicos que llevan tiempo acumulandose. Tu cuerpo llega al sabado literalmente mas hambriento y menos capaz de regularse que si hubiera descansado bien.

¿Entonces, tienes que renunciar al fin de semana?

No. Para nada. Pero si tienes que entender que impacto tienen tus decisiones, y elegir desde ahi.

Como entrenadora, cuando trabajo con clientas que tienen mucha vida social, no les digo que eviten salir. Les enseno a moverse bien dentro de esos entornos. Algunas de las pautas que mas funcionan:

Aprende a pedir con estrategia. Si quieres postre, perfecto: reduce el pan durante la comida. Si vas a tomar unas copas, opta por opciones con menos azucar anadido. Si el menu es abundante, come mas despacio y decide cuando parar antes de que te lo pongan delante. No es restriccion: es negociar contigo misma antes de que la dopamina tome el mando.

Equilibra el plato aunque estes fuera. Prioriza proteina y verdura primero. Luego decides con el resto. No hace falta renunciar a nada: hace falta ordenar las prioridades dentro del plato.

Muevete mas ese dia. Si sabes que el sabado tienes una comida grande, da un paseo largo antes o despues. No para quemar calorias con precision matematica, eso no funciona asi, sino porque el movimiento mejora la sensibilidad a la insulina, regula el apetito y hace que tu cuerpo gestione mejor lo que comes. Un paseo de 45 minutos despues de una comida copiosa marca una diferencia real en como tu cuerpo procesa esa energia.

Decide conscientemente cuánto te importa el objetivo ahora mismo. Si estás en un momento de tu vida en el que los fines de semana son sagrados, reuniones familiares, viajes y celebraciones, y no quieres renunciar a eso, está perfectamente bien. Solo hay que ser honesta consigo misma: en ese caso, el proceso será más lento. No pasa nada. Pero saberlo evita la frustración de esperar resultados que el balance semanal no está generando.

No existe una respuesta correcta. Existe la que encaja con tu vida real en este momento.

Lo que yo hago

Cuando tengo un fin de semana especial, no entro en modo restricción el lunes. Lo que hago es volver a mi rutina como si nada hubiera pasado, porque nada ha pasado. Un fin de semana no arruina el proceso si el resto del tiempo eres consistente.

Lo que sí me funciona es ser consciente durante el fin de semana. No obsesionarme, pero sí pensar un segundo antes de pedir. Esa pausa de dos segundos cambia muchas decisiones sin quitarle nada al momento.

Y lo más importante: entender los números. Cuando sabes cómo funciona el déficit calórico de verdad, dejas de culparte y empiezas a tomar decisiones desde la información. Eso es lo que quiero para ti.

Si llegas al lunes sin entender por que no avanzas

Tal vez el problema no es que estés haciendo las cosas mal. Es que nadie te ha explicado cómo organizarlo todo junto: el entrenamiento, la alimentación, el balance semanal y lo que necesita específicamente tu cuerpo.

Eso es exactamente lo que trabajo en mis asesorías. Analizamos qué está pasando de verdad: no solo lo que comes, sino cómo duermes, cómo gestionas el estrés y qué está frenando tus resultados. Y construimos una estrategia que encaje con tu vida real, no con la vida ideal que nadie tiene.

Rellena el formulario y hablamos

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *